Abatido. Deprimido. Apesadumbrado. Es difícil definir en una sola palabra el estado de ánimo de Ariel Ortega. El bajón psicológico de las últimas semanas le movió las entrañas. En esta historia en la que se entremezclan lo privado y lo público, la familia y el fútbol, los consejos y la idolatría, ayer se sumó otro capítulo: el Burrito le pidió a Leonardo Astrada no jugar ante Lanús y abandonó la concentración. ¿Existe temor por su futuro? Sin duda. Es cierto que el jugador prometió presentarse en el entrenamiento de mañana, pero esto quedó en el plano de la duda.
La situación se desencadenó en las primeras horas de ayer. Al cruzar la puerta de acceso en la concentración del primer piso del Monumental, Ortega casi no saludó a nadie y se encerró a hablar con Matías Almeyda. Durante unos cuantos segundos, en uno de esos momentos en los que el tiempo parece transcurrir con diferente intensidad, se generó un desborde emocional en el ambiente. Fueron llamados Leonardo Astrada y Hernán Díaz, que escucharon con asombro las palabras "no quiero jugar". Tanto el técnico como el ayudante de campo intentaron convencerlo para que se quedara, pero fue inútil: el Burrito se marchó sin más nada que decir. El entrenador ordenó a sus colaboradores a convocar a todo el plantel, que recibió en silencio las explicaciones de que el jujeño no estaba en "condiciones anímicas" para jugar.
Esta recaída, según indican los más íntimos, sería la más fuerte, aunque la menos inesperada porque atravesaba un pronunciado bajón de rendimiento y se le conocían nuevos tropiezos fuera delas canchas. El penal errado en el superclásico con Boca y sus dos fallidas malas definiciones frente a Argentinos fueron detalles; con certeza, tales circunstancias no lo ayudaron en lo anímico. Ocurre que los problemas del Burrito son más serios, más sensibles. A punto tal que niel aliento de la gente luego de esas situaciones desaprovechadas lo hizo reaccionar positivamente.
En otras oportunidades resurgió como un gladiador y recuperó su vida, en la cual el fútbol ocupa un alto porcentaje. En la medida en que Ortega no sabe ponerle un freno a su problema personal, la situación también se hace inmanejable para quienes intentan ayudarlo.El es un caso testigo de que ante la falta de voluntad del hombre para reconocer su enfermedad y someterse en serio a un tratamiento toda la asistencia y comprensión que pueda recibir están destinadas al fracaso.
El cuerpo técnico tiene el difícil desafío de tratar un tema cuya complejidad ya había desbordado a Passarella, a Simeone -que lo castigó y aceleró la experiencia en Independiente Rivadavia- y también a Gorosito, pero sienten queel Burrito no se deja ayudar.
El cuerpo técnico de River quedó desconcertado y no saben si mañana se presentará a entrenar. Ortega iba a ser titular hoy, pero su ausencia entre los concentrados instaló la preocupación. Los llamados al celular de Ortega fueron constantes y hasta se intentó que ayer se sumara a almorzar y a cenarcon sus compañeros, pero no aceptó la invitación. Astrada se resiste a bajar los brazos y ve actualmente al Burrito como un revulsivo para abrir los partidos (como pasó ante Argentinoscon su pase a Buonanotte), aunque su actualidad no resiste más, pese los intentos.
No siempre las historias tienen final feliz. Y la historia del Burrito impide mirar mucho más lejos que el día a día. Esta nueva recaída sucedió, nada menos, en un momento en el que el equipo empezaba a sacar la cabeza del agua. Ortega volvió a instalar la tormenta. Pero algunos sueñan todavía. ¿Será posible? Este River de Astrada lo necesita. Ortega necesita a River. Y en este marco de necesidad mutua, ambas partes deberían superar la dura realidad.
Texto: Lanacion.com.ar
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El "burrito" Ortega ¿deja el fútbol?
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